Anatomía de un pitch: el arte de lanzar ideas en tres minutos

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Fraternidad-Muprespa

Si un músico lo da todo en un concierto, quien emprende lo da todo en el pitch. Si el hábitat natural de la música no es el cd, ni el vinilo, ni una app, sino un escenario, en emprendimiento, las miles de horas de trabajo se defienden en una breve puesta en escena. 

Quien no lo haya presenciado debería verlo alguna vez en la vida. Quizá un día como hoy, 10 de abril, Día Mundial de la Ciencia y la Tecnología, es una buena jornada para proponérselo. Mi primera vez asistiendo a un pitch fue en los premios Emprende XXI de la Comunidad de Madrid, impulsado por CaixaBank (vía DayOne) y el Ministerio de Industria y Turismo (vía Enisa), con el apoyo de la Fundación Madrid+d. Escenario con el público muy cerquita, jurado muy serio y unas candidaturas apabullantes, de las que te hacen pensar que el futuro ya está aquí.  

Para partir de lo básico diremos que “pitch” significa ‘lanzar’ (a mi cabeza vienen irremediablemente las dos principales posiciones en el baseball). Hacer un buen pitch no va de memorizar un texto ni de recitar métricas como si fueras una calculadora con nervios. Es controlar con arte la escena, el ritmo. Son tres minutos de guion, interpretación y dirección que pueden valer inversiones, premios y futuro. Si no puedes explicar tu idea en una frase, no tienes ‘pitch’, tienes frases sueltas. 

Lo que aprendí viendo a emprendedores convertir ideas complejas en relatos brillantes

Hemos hablado con Jesús Muñoz Tejeda, cuya empresa (spoiler) fue ganadora de esta edición de los premios. Nos explica la clave de un pitch con una sentencia contundente: “Si no eres capaz de explicar tu propuesta de valor en una frase, el pitch va a fallar.” Ese es el primer trazo del cuadro, que luego va llenándose de detalles. “Los primeros segundos son siempre los más intensos. Tienes toda la atención del jurado, el tiempo empieza a correr y sabes que cada palabra cuenta. Pero con experiencia aprendes a canalizarlo. En esos tres minutos no piensas, actúas. La clave es haber interiorizado el mensaje hasta tal punto que puedas transmitirlo con naturalidad, incluso si algo inesperado ocurre”. 

Y debo admitir que en su caso fue así, parecía que estaba en el salón de su casa, aún a pesar de que el reto era difícil, porque su empresa es complicada de entender. La startup Persei Space se centra en la fabricación de amarras electrodinámicas para desorbitar satélites que ya no funcionan y combatir la basura espacial sin necesidad de combustible, promoviendo una movilidad orbital más limpia.

El ambiente era una mezcla entre gala, hackathon y examen final. A mi alrededor quienes iban a salir al escenario repasaban mentalmente sus intervenciones. Todo parecía interesantísimo, sesudo y complicado a mis ojos. A los suyos, era sencillísimo y natural, parecían haber nacido explicando qué hacen sus empresas. Alguna ya factura millones de euros gracias a sus planteamientos novedosos y su puntera solvencia. 

Conocer al ganador fue como cualquier momento de la vida en que comunican a alguien que ha ganado. El auditorio explotó en aplausos. Jesús lo vivió “con una mezcla de alegría y alivio” y los organizadores, con aplomo, porque sabían de la solvencia de la propuesta. Yo, desde mi asiento, pensé que me iba a apuntar a un pitch cada semana y salí de allí con varias certezas y un deseo:

  1. que la mañana había sido una montaña rusa emocional,
  2. que ahí fuera abunda una receta que funciona, la que fusiona talento, esfuerzo, trabajo y visión
  3. y que cuando mire al cielo, espero que PERSEI Space haya hecho su magia.
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