Emprender y emplear: la doble responsabilidad que España necesita
España cerró 2025 con una fotografía laboral llena de contrastes. Por un lado, el país registró las cifras de paro más bajas desde 2007, un hito que el Gobierno ha celebrado como prueba de la fortaleza del mercado laboral. Por otro, un dato inquietante emerge entre las líneas de los informes oficiales: cada vez hay menos personas que generan empleo, menos empleadores, menos autónomos con capacidad de contratar. Una paradoja que obliga a reflexionar sobre la importancia y la urgencia de impulsar el emprendimiento y el tejido empresarial.
Los datos oficiales del SEPE y de la Seguridad Social muestran un cierre de año históricamente positivo:
- El paro bajó en 16.291 personas en diciembre de 2025, situándose en 2.408.670 desempleados, la cifra más baja en un cierre de año desde 2007
- La Seguridad Social alcanzó 21,84 millones de afiliados, medio millón más que un año antes
- En términos interanuales, el paro se redujo en 152.048 personas, un descenso cercano al 6%
Sin embargo, durante la presentación de estos datos, desde el Ministerio se introdujo un matiz clave: el empleo crece, pero el número de empleadores disminuye. Este fenómeno rompe la tendencia histórica: cuando la economía crece, tradicionalmente crece también el número de empleadores. En 2025 no ha sido así.
España cuenta con menos de un millón de personas que dan trabajo, una cifra que retrocede pese a encontrarnos en una fase expansiva del ciclo económico.
¿Qué significa esto? Pues significa tres cosas:
- Que el empleo se está creando, pero cada vez más concentrado en grandes empresas y administraciones
- Que el tejido productivo pierde pequeños empleadores, esenciales para la capilaridad económica
- Que el ecosistema emprendedor se debilita, justo cuando más se necesita
Ahora más que nunca tiene una importancia estratégica ser emprendedor y empleador, ya que emprender ya no se percibe exclusivamente como una opción profesional, sino como un acto de impacto social.
Emprender significa crear oportunidades, dinamizar territorios, innovar e introducir nuevos modelos de negocio y diversificar la economía. Y ser empleador significa multiplicar el impacto del emprendimiento, sostener familias y comunidades a través del empleo estable, contribuir al sistema de protección social mediante cotizaciones y generar riqueza distribuida, no concentrada.
En un país donde el 95% del tejido empresarial lo conforman pymes y autónomos, la caída del número de empleadores es una señal de alarma. Aliviar la carga inicial del emprendimiento, favorecer la consolidación de proyectos y estimular la contratación son los grandes retos del ecosistema autónomo.
Por otra parte, hay otro dato importante para entender el contexto en el marco del pasado año: el trabajo autónomo cerró 2025 en máximos históricos, con 3.425.767 autónomos afiliados al RETA, tras sumar 39.002 personas más en el año (+1,15%). En diciembre, el crecimiento fue de 1.288 nuevas altas, un +0,04%.
Aunque este crecimiento no puede leerse solo en clave triunfalista ya que muchos autónomos siguen siendo trabajadores sin asalariados, y por tanto, sin capacidad de generar empleo, además de que persisten los márgenes muy ajustados, la protección social es inferior a la del trabajo asalariado y el RETA sigue arrastrando déficits estructurales, especialmente en los tramos de ingresos más bajos. Es decir, el trabajo autónomo supone un ‘colchón’ para el mercado laboral, pero a veces se trata de un refugio precario ante la falta de alternativas.