¿Debería poner un influencer en mi vida (y en mi incipiente negocio)?

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Fraternidad-Muprespa

La pregunta parece una broma, pero no lo es: en un mundo donde el marketing de influencia mueve ya más de 21.000 millones de euros y donde el 69% de los consumidores confía más en un creador que en un anuncio, planteárselo es casi una obligación estratégica. 

Un influencer puede ser ese altavoz que humaniza tu marca, te abre puertas a nichos muy concretos y genera una confianza que ningún banner ha conseguido jamás. Pero, como todo en la vida, también tiene su cara b: el sector aún arrastra falta de profesionalización en algunos perfiles, el riesgo reputacional existe (si el influencer mete la pata, te salpica) y no siempre hay una relación directa entre visibilidad y ventas. 

Aun así, funciona especialmente bien en negocios donde la confianza es clave (aunque ¿acaso hay alguno en que no lo sea?) y sorprendentemente también en sectores que jamás asociarías a un creador: desde agricultores que prueban tractores en TikTok y acumulan cientos de miles de seguidores, hasta fontaneros que enseñan trucos de reparación y terminan generando más clientes que con cualquier anuncio local, pasando por restauradores de muebles que convierten el lijado de una silla en contenido ASMR viral. 

Mención aparte merece el capítulo de los influencers no sanitarios opinando sobre salud. Un fenómeno tan masivo como problemático. Por un lado, tienen algo que los profesionales a veces no logran: traducir lo complejo a un lenguaje que la gente entiende sin esfuerzo. Pero el reverso es igual de evidente: no se percibe una autoridad real, y en salud eso es peligroso. 

La línea entre contar una experiencia personal y dar un consejo que parece profesional es finísima, y cruzarla puede tener consecuencias. Que un influencer sin formación hable de nutrición, ansiedad, medicación o diagnósticos, puede generar confusión, alimentar mitos o incluso retrasar que alguien busque ayuda profesional. Y es que la influencia, sin conocimiento, puede entretener pero también puede desinformar.

Entonces, ¿deberías poner un influencer en tu vida y en tu negocio? Si necesitas visibilidad, credibilidad, comunidad o explicar algo complejo de forma sencilla, probablemente sí, pero con cabeza: elige perfiles alineados con tus valores, mide resultados y apuesta por la autenticidad, porque al final, más que influencers, lo que necesitas son aliados que sepan contar tu historia sin que parezca que te están vendiendo nada.

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